La Paz - Bolivia, Domingo, 13 de abr de 2008
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El cerco a Santa Cruz pierde fuerza
9 vocales electorales tienen vínculos con políticos y cívicos
“La crisis política quebró las cortes”
“Evo Morales está en una trampa tendida por García Linera”
La Policía a la hora de rendir cuentas
El festival de teatro
Las cosas que se van-Óscar García *
Indígenas y mestizos-Andrés Soliz Rada *

Filemón Escóbar, ex dirigente minero

“Evo Morales está en una trampa tendida por García Linera”

Por: Carlos Morales Peña
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“García Linera representa a una izquierdita que no tiene una verdadera vocación democrática para el país”

“Los errores de la izquierda tradicional pueden llevarnos al derramamiento de sangre en la ciudad de Santa Cruz”

“Cometí el error de permitir la renuncia de Antonio Quiroga y abrir la puerta al garcíalinerismo en el MAS”

“Evo tiene que convertirse en el caudillo de la autonomía, recuperando a Ibáñez y Zárate Willka”

El histórico Filemón Escóbar dedica su primera obra autobiográfica y crítica a su familia. A Olga, su esposa, y a sus hijos Alexia, César y Natalia que nacieron en medio de las dictaduras militares, cuando él debía caminar por el país “con el testamento bajo el brazo”. Dirigente en las minas de Catavi en la entonces poderosa Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y la Central Obrera Boliviana (COB) en los años 60 y 70, impulsor del movimiento cocalero en el Chapare, ideólogo del Movimiento Al Socialismo (MAS) y mentor del actual presidente Evo Morales en los 80; senador del MAS entre 2002 y 2005 y promotor, hoy, de una “tercer vía” que una lo que él considera las dos “civilizaciones” (andina-amazónica y la mestiza-occidental). Escóbar acaba de publicar un libro que interpela desde el nombre: De la Revolución al Pachakuti. El aprendizaje del respeto recíproco entre blancos e indianos. En esta entrevista con La Prensa alerta que el presidente Morales está entrampado por lo que él considera la “izquierda tradicional e indigenista” encabezada por Álvaro García Linera y una “antigua derecha” que ha puesto en jaque al país. Y propone que la salida es un Pachakuti democrático, que permita la “complementación” entre indígenas y blancos. Para ello, recupera dos figuras paradigmáticas: Pablo Zárate Willka y Andrés Ibáñez que, a fines del siglo XIX, ya propugnaban un Estado que incluya estas dos visiones.

—¿Qué pasó con Filemón Escóbar que, en los años 70, proponía una salida revolucionaria, incluso armada, luego promovió el movimiento cocalero y hoy opta por ofrecer una vía democrática que permita unir a los opuestos?

—Yo encarno terribles frustraciones. Hasta 1964, cuando luchábamos en el seno de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y la Central Obrera Bolivia (COB), nos unimos en torno a un cliché: “Todo era preferible a que Víctor Paz Estenssoro vuelva al poder”. El resultado de ese proceso fue que se haciera cargo del Gobierno René Barrientos, un hombre de la doctrina de la seguridad nacional. En ese momento mueren César Lora y Isaac Camacho, viene la Masacre de San Juan, viene la militarización de los centros mineros, y le damos la oportunidad a Barrientos de ordenar la muerte del comandante Che Guevara en octubre de 1967. ¿Cómo explicamos todo este proceso? La izquierda le abrió la puerta a la derecha. El proceso se repite en los años 1970 y 1971. El “Motete” Zamora era comandante de la Unión de Campesinos Pobres (Ucapo) que comenzó con la quema de haciendas y simultáneamente se realizaba la guerrilla de Teoponte. En ese momento, nosotros teorizamos que la Asamblea Popular era parte de los soviets bolivianos, la salida revolucionaria boliviana. Y pensábamos que el presidente Juan José Torres era el (Alexandr) Kerensky boliviano, líder de los soviets en la Unión Soviética. El resultado fue que Hugo Banzer nos sopló a toditos y comenzaron siete años de la dictadura militar más larga de la historia política del país, con el agravante de que la caída de Torres ayudó a la caída, dos años más tarde, de Salvador Allende en Chile. Por tanto, yo represento a una izquierda que encarna 30 mil muertos en Argentina, Chile y Bolivia. Somos coautores de generar en el Cono Sur gobiernos militares. Es lo mismo que está ocurriendo hoy en Bolivia con el Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales. (Filemón toma una edición del periódico La Prensa y muestra un titular que dice: “Las organizaciones sociales afines al MAS se movilizarán el 4 de mayo”. En una fotografía aparecen Óscar Olivera y el alcalde de Achacachi, Eugenio Rojas, durante una conferencia en la que amenazan con bloquear el referéndum por los estatutos autonómicos de Santa Cruz).


—Estos muchachos están repitiendo el error de Filemón Escóbar en los años 60, 70 y 80. Ellos creen que la revolución viene luego de aplastar a la democracia representativa. Al final, ellos buscan que Evo Morales capitule frente a los sectores de la derecha, por lo tanto hay que movilizarse para aplastar lo que están haciendo los cruceños. El Gobierno ha prometido que no va a intervenir en el referéndum autonómico, pero estos movimientos lo van a hacer. Y éstos nos pueden conducir al derramamiento de sangre en la ciudad de Santa Cruz.

—¿Cuándo se da cuenta usted de que la vía revolucionaria no es la correcta?

—Yo me di cuenta cuando viene la gran discusión del movimiento obrero entre 1982 y 1985, ya en la época democrática. Porque la COB, a pesar de estos errores, logró reconquistar una y otra vez la democracia para el país. En ese momento cometimos el mismo error. Surgen unas corrientes políticas que sostienen que Hernán Siles era un reformista y, por tanto, había que dar una patada al reformismo y al fascismo. Eso nos decía el actual ministro de Trabajo, Wálter Delgadillo, de la Dirección Revolucionaria Unificada (DRU). Ellos planteaban patear dos pelotas al mismo tiempo. El IV Congreso de la COB en Cochabamba, en 1984, generó una discusión extraordinaria sobre estos asuntos. Allí se impuso la línea de “ni reformismo, ni fascismo”. En ese momento nosotros les dijimos que ese planteamiento llevaba al error del Partido Comunista Alemán en 1936, que no distinguía que la moneda tiene, al fin, dos caras. La cara democrática de la Social Democracia alemana y la cara fascista, consideradas como parte de un mismo fenómeno. Entonces, el PC alemán decide no hacer un frente electoral con los socialdemócratas, a quienes veían como iguales a los fascistas. Y dan la victoria al nazismo de Hitler. Por ello, el mundo cargó sobre sus espaldas millones de muertos y una gigantesca tragedia humana. En Bolivia cometimos el mismo error. La democracia no es igual al fascismo, no jodan. Por ello, nosotros desde la COB fuimos los autores del acortamiento de un año en el periodo presidencial de Hernán Siles, tras la debacle de la hiperinflación. Esta acumulación de errores de los izquierdistas desde los años 60 hasta los 80 condujo a un proceso de regresión en la conciencia política de nuestras bases. En el año 1985, Banzer logra una gran concentración en los distritos mineros de Catavi y Siglo XX y la derecha nos gana en las elecciones en todas las minas de Comibol. Luego, desde 1985 hasta 1997, nuestras bases van a votar por los partidos neoliberales. En 1993, en la plaza Cobija de Cochabamba, miles de mineros realizamos una gran concentración por la estafa que habíamos sufrido con Finsa, donde habíamos depositado el dinero de la relocalización. Allí, la gente decidió votar por Gonzalo Sánchez de Lozada y el MNR porque habían prometido pagar la deuda de 50 millones de dólares. Estábamos votando por el que nos había relocalizado. ¿Cómo explicamos eso?

—¿Cómo se vincula este proceso con el surgimiento del movimiento cocalero del cual usted participó desde sus orígenes?

—El proletariado estaba semidestruido y teníamos una COB inexistente. Yo me aparezco en el Chapare de Cochabamba. Antes de la aprobación de la Ley 1.008, que se aprobó en 1988, yo trabajaba con el compañero Vargas, el ejecutivo de las entonces Cinco Federaciones del Trópico de Cochabamba. Allí les planteé que se fijaran que todas las casas en el Chapare tenían las banderas de UCS, del MNR, del MIR y ADN. Entonces decidí utilizar dos símbolos. La hoja de coca y un viejo símbolo que usaba yo que eran los órganos de poder. Yo tuve una discusión muy fuerte con Guillermo Lora sobre el papel de los partidos políticos. Para él, sin partido no hay revolución. Pero yo le dije que vea el sindicato. Yo tenía una tesis, de que la FSTMB y la COB no eran sindicatos sino órganos de poder y que nuestra misión era transformar esos sindicatos en alternativas de poder. Cosa que, luego, haría el movimiento cocalero. Llegamos a esa línea luego de hacer un balance y criticar el papel de la izquierda en las últimas décadas. El instrumento político serían las federaciones de cocaleros y si llegaban al Gobierno no debían cometer los errores que nosotros habíamos cometido en los años 60 y 70. Evo Morales recién aparece después de 1988, cuando se aprueba la Ley 1.008. Entre 1985 y 1988 abonamos el movimiento político. Allí viene la discusión sobre la opción electoral. En ese momento conozco a Evo Morales como dirigente de la línea 14. El trópico de Cochabamba es un lugar extraordinario para las guerrillas, es monte alto pero más lluvioso, tiene más de 300 mil habitantes y puedes vivir con plátanos, cítricos, yuca, arroz y animales del monte. No es como Ñancahuazú o Teoponte. Además, estaban presentes los generales, oficiales y soldados del Ejército de Estados Unidos.

—¿Hubo la tentación por optar por una vía armada?

—De todos los compañeros, entre ellos Evo Morales. Cuando lo conozco, él era definitivamente antielectoral, él era prolucha armada, proguerrillero. ¿Cómo yo convenzo a los del trópico para abandonar la línea de la guerrilla y optar por la línea electoral y de la democracia representativa? Porque en la tradición filosófica de la izquierda nosotros somos enemigos de la democracia burguesa, por considerar que se trataba de una dictadura de la burguesía. Ahí encuentro la Tesis de Pulacayo, aprobada en noviembre de 1946, después del colgamiento de Gualberto Villarroel. En su capítulo octavo habla de la lucha electoral de la Federación de Mineros. ¿Por qué no se dieron cuenta de este punto los mineros? El sistema de la rosca minera de los años 50 es el mismo que el sistema neoliberal, que nosotros vamos a combatir desde el año 1985. Por eso, tras la Tesis de Pulacayo, en enero de 1946, los mineros se presentan a las elecciones. Guillermo Lora es elegido como diputado por la provincia Bustillos para la Asamblea General. Juan Lechín es elegido como senador por Oruro y Potosí. La Federación de Mineros había sido fundada en 1944 y a los dos años participa en una elección bajo el sistema de la rosca minera, donde los analfabetos no tenían derecho a votar. En diciembre de ese año, sin embargo, un ampliado decide ir a las elecciones sólo por dos departamentos, Oruro y Potosí. Sólo porque no se tenían recursos para enfrentar la elección. Ambos departamentos en esos años eran el centro económico y político del país. La Paz era una aldea. Santa Cruz era otra aldea. Cochabamba era otra aldea. El error fue no ir a la candidatura presidencial pese a que, luego, se gana en Oruro y Potosí.

—¿La democracia, aunque sea limitada, podía darles una opción de poder a los movimientos populares?

—Exacto. Ya entonces. Lechín mismo reconoce que ése fue un salto cualitativo de las masas. Por primera vez se votaba por la misma organización sindical y no por un partido político. Guillermo Lora también lo reconoce, los mineros votan por primera vez por su propia organización sindical. Eso me sirvió para derrotar a los guerrilleros que estaban en Cochabamba con el movimiento cocalero.

—¿Optar por la democracia por principio o por decisión estratégica para enfrentar a la derecha?

—En los años 40, los mineros al no optar por las elecciones más claramente en todo el país dejamos ese espacio al MNR. Recién en 1951, la Federación hace un acuerdo electoral con el MNR y los mineros le dan la victoria a Víctor Paz. Es mentira que las masas no sean demócratas. Nosotros los intelectuales somos demócratas falsos. La gente del pueblo es realmente demócrata. En los pueblos indígenas se ejerce la democracia. En 1952 no hay Ejército, los mineros derrotan al Ejército y a la Policía. Sin embargo, dejan el poder a los que habían ganado las elecciones en 1951. Van a buscar a Siles para entregarle la Presidencia a Víctor Paz. Un acto realmente democrático. En nuestra época, lo mismo. Derrocan a Sánchez de Lozada y le dejan el poder a su vicepresidente, Carlos Mesa. Y las masas lo apoyan. En el pueblo hay una conciencia democrática muy fuerte.

—El MAS opta por la democracia y recorre un largo camino de participación en las elecciones hasta que llega al poder en enero de 2006. Sin embargo, ¿siguen vigentes esas tensiones en el interior del Gobierno entre una salida democrática y otra más dura?

—Yo cometí un grave error en mi vida. Yo también soy coautor de lo que está pasando hoy en el MAS. Para las elecciones de 2002, el candidato vicepresidencial no era Antonio Peredo, sino José Antonio Quiroga, un auténticamente demócrata por herencia de su tío Marcelo Quiroga Santa Cruz. A Quiroga lo elegimos durante una asamblea realizada en el Colegio Don Bosco y vamos en marcha por todo El Prado hasta San Francisco. En la noche me llama Quiroga y me dice que su familia no quería que él sea candidato a la Vicepresidencia. Yo le dije: “Ya hermano”. Ése fue mi error. Allí abrimos las puertas del MAS al pensamiento de la izquierda tradicional. La más dura, indigenista, con Álvaro García Linera. Ése fue un error. Debía haber carajeado a Quiroga y amenazarlo con pistola para que aceptara la candidatura. De ese error viene el actual desastre.

—¿Qué consecuencias tiene para el MAS haber optado por García Linera?

—García Linera aparece en los años 90 haciendo guerrillita, en la época democrática, cuando no había casas de seguridad. Entonces, cuando cae preso, nadie le tortura y Derechos Humanos lo defiende. Allí se alía con Felipe Quispe. Ellos impulsan a los Ayllus Rojos, con quienes polemicé en 1984. Ellos planteaban entonces la lucha armada y nada de democracia burguesa. Ellos propugnaban restaurar el Tawantinsuyo. Era una opción más que dura. A ellos les entregamos la Vicepresidencia del país. Ellos no creen en la democracia occidental. Desde la Vicepresidencia, la primera declaración de García Linera dando inicio al gran drama del MAS: “Ha llegado la hora de asfixiar a la oligarquía cruceña”. La otra declaración clave de este jovenzuelo: “Los que plantean la autonomía buscan la división del país”, por tanto, los “ponchos rojos” alisten sus chicotes y sus fusiles Mauser. En diciembre de 2006, García Linera dice en Cochabamba que “la oligarquía vía algunos comités cívicos y prefecturas se está reciclando”. En enero de 2007 vienen los enfrentamientos de Cochabamba. Esta línea ideológica de aplastar a la derecha y de resumirlo todo a la política de confrontación es el gran error del MAS. Y no es el error del MAS que nosotros hemos construido, sino de la gente que se mete después de 2002 a través del pensamiento de la izquierda tradicional de los hermanos Peredo, los García Linera y del llok’alla de Alfredo Rada. Para ello, en el poder está una izquierda supuestamente indígena, que tiene el deber histórico de aplastar a la derecha.

—¿Adónde está llevando esta línea a Evo Morales?

—En mi vida conozco tres movimientos de masas. El PIR en 1951, el MNR entre 1952 y 1982, y el MAS, que es el movimiento de masas más grande de la historia de este país. El PIR se acabó en 10 años, el MNR en 50 años y el MAS, en dos años, está en declinación.

—¿Por qué?

—Por los errores políticos de la confrontación. El mayor error político del MAS es la política de la confrontación, interna y externa. Al optar por la confrontación, los Peredo, los García Linera, los Quintana, los Rada y los San Miguel, ellos anticiparon todo el lío que está viviendo el país. Evo Morales dijo en su momento que iba a ser el caudillo de la autonomía, que era herencia de nuestra posición, de casarnos con la línea federalista que Andrés Ibáñez formuló en 1876, el autor de la bandera verde y blanco de Santa Cruz. Y en 1899, un aymara llamado Zárate Willka es federalista. Un auténtico federalista. Para él, la regeneración de Bolivia debía comenzar por el respeto recíproco entre los blancos y los indianos. Si Evo hubiese optado por las autonomías habría retomado la historia de Ibáñez y Willka. Eso hubiese evitado la “media luna”, la Asamblea Constituyente se hubiese transformado en un tinku entre la civilización occidental y la andina-amazónica. ¿La Constituyente era para aplastar a la derecha? O ¿la derecha para aplastar a la izquierda? Nadie entendió que aquí había dos civilizaciones y se optó por formular la teoría de las 36 naciones indígenas. Al plantear un Estado plurinacional, la izquierda hace una copia del estalinismo, que se impuso a través de la Unión Soviética, donde había más de 100 nacionalidades. Ese Estado plurinacional y comunitario es la propuesta de esa izquierda. En cambio, nuestra teoría planteaba un tinku, no para aplastar al otro, sino para llegar a un equilibrio. El error de la izquierda en el MAS es criminal. Pero estamos a tiempo de recomponer este proceso a través de una vía más democrática que tenga en cuenta estas dos civilizaciones. Evo tiene que negociar entre las dos civilizaciones, olvidándose de su izquierdita y de la derecha que buscan aplastar al otro.

—¿Cómo ve usted a Evo Morales en este contexto?

—Si él se da cuenta de que puede ser el caudillo de la autonomía y del diálogo entre ambas civilizaciones, entonces garantizará que esto no desemboque en una nueva frustración. Evo está entrampado en la línea impuesta por García Linera y la izquierda tradicional. Pero tiene que salir de esta trampa. Le pido a Evo Morales que salga de la trampa.

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